sábado 9 de abril de 2011

Hasta los huevos u ovarios

Entrada por mi amigo Nacho, que, como veréis, no está muy contento con lo que pasa...


HOLA A TODOS AMIGOS, AMIGAS, FAMILIA.....
SI, SOY YO: NACHO. QUIERO QUE QUEDE BIEN CLARO YA QUE ESTO NO ES UNA CADENA DE ESAS QUE NOS LLEGAN A TODOS CONSTANTEMENTE Y QUE NO SABEMOS REALMENTE NI DE DÓNDE NI DE QUIÉN SURGEN. EN ESTE CASO SOY YO PERSONALMENTE QUIEN OS ESCRIBO. SI YO, ESE QUE NUNCA CONTESTA A ESOS MENSAJES QUE REPARTEN AMISTAD, ABRAZOS Y BUENOS DESEOS; ESE QUE NUNCA SIGUE UNA DE ESAS MÚLTIPLES CADENAS AUNQUE SE TRATE DE UNA POBRE NIÑA CON UNA ENFERMEDAD TERRIBLE QUE NECESITA APOYO. NUNCA LO HAGO Y EN OCASIONES PUEDE SER QUE ME EQUIVOQUE.
ESTOY HARTO! CANSADO DE TODO LO QUE ESTÁ PASANDO E IMPOTENTE POR NO PODER HACER NADA. IMPOTENTE Y ENFADADO CONMIGO POR NO HACER NADA ANTE TANTA INJUSTICIA.
TENEMOS MIL MOTIVOS ÚLTIMAMENTE PERO SIEMPRE HAY UNA GOTA QUE COLMA EL VASO. HOY EN EL PERIÓDICO VIENE LA NOTICIA DE QUE EN EL PARLAMENTO EUROPEO SE HA VOTADO EN CONTRA DE UNA PROPOSICIÓN QUE PRETENDÍA CONGELAR EL SALARIO DE LOS EURODIPUTADOS Y ALGUNA MEDIDA DE AHORRO COMO QUE VIAJASEN EN CLASE TURISTA EN LUGAR DE EN PRIMERA COMO LO HACEN SIEMPRE.
PUES BIEN, NUESTROS REPRESENTANTES, TANTO DEL PSOE COMO DEL PP, HAN VOTADO EN CONTRA DE ESAS MEDIDAS (SALVO ALGUNA HONROSA EXCEPCIÓN). ESOS REPRESENTANTES ELEGIDOS Y PAGADOS POR NOSOTROS, ESOS QUE NOS ESTÁN MACHACANDO CON TODAS SUS MEDIDAS DE AHORRO. ESOS QUE TIENEN UN SALARIO DE 8.000 € MÁS 1.500 DE GASTOS DE OFICIA MÁS 300 DE DIETAS POR CADA DÍA QUE TRABAJAN...
HACE TAMBIÉN MUY POCO EL PARLAMENTO EUROPEO INSTALÓ CÁMARAS PARA CONTROLAR EL ACCESO Y SALIDAS DE LOS EURODIPUTADOS PORQUE HABÍA SOSPECHAS DE LO QUE SE TERMINÓ COMPROBANDO. LOS VIERNES ENTRABAN POR LA MAÑANA FICHANDO (PARA PODER COBRAR LOS MÁS DE 300 € DE DIETAS DIARIAS) Y SALÍAN A LOS POCOS MINUTOS DIRECTOS AL AEROPUERTO PARA PASAR EL FINDE EN SU CASA. ENTRE LOS "PILLADOS" ESTABA UNA PARLAMENTARIA ESPAÑOLA DEL PSOE.
COMO CREO QUE NO HAY QUE DAR CRÉDITO A LAS NOTICIAS QUE TE LLEGAN POR INTERNET (CUALQUIERA PUEDE COLGAR UNA NOTICIA O RUMOR INVENTADO) OS COPIO LOS LINKS DE EL PAÍS Y DEL MUNDO QUE HABLAN DE ESTA NOTICIAS PARA QUE VOSOTROS LOS LEÁIS Y LLEGUÉIS A CONCLUSIONES.
Y SÓLO CON UN POCO MÁS DE CURIOSIDAD PODRÉIS ENCONTRAR MÁS NOTICIAS AL RESPECTO.
BUENO: ¿Y QUÉ HACEMOS? SOMOS DEMASIADO VAGOS PARA SALIR A LA CALLE A PROTESTAR, SE ESTÁ MEJOR EN CASITA MIENTRAS NO NOS LA EMBARGUEN. ¿NO PAGAR IMPUESTOS? ENCIMA MULTAZO DE HACIENDA!! ¿LLEGAR A LOS EXTREMOS DE, POR EJEMPLO, LIBIA? NO SE MERECEN QUE NOS JUGUEMOS LA VIDA POR ELLOS. ¿CAMBIAR TU VOTO O DIRECTAMENTE NO VOTAR? LO TIENEN TAN BIEN MONTADO QUE ENCIMA LES BENEFICIA.
ASI QUE POR MI PARTE..... VOY A TOCARLES LOS HUEVOS TODO LO QUE PUEDA!!
COMO HOY ESTOY CALIENTE YA HE EMPEZADO A HACERLO Y VOY A SEGUIR CONSTANTEMENTE.
HE LLAMADO AL CONGRESO DE LOS DIPUTADOS SÓLO CON LA INTENCIÓN DE (MUY EDUCADAMENTE) DEJAR ESTE MENSAJE:
SON TODOS USTEDES UNOS SINVERGÜENZAS. VAYANSE A LA MIERDA!!
SI, LO SE. ES UNA GILIPOLLEZ PERO LO HE HECHO. Y MIRA! ME HE SENTIDO BIEN.
ESTE ES EL TELÉFONO: 91 390 60 00 ‎
HE LLAMADO. UNA SEÑORITA ME HA DICHO QUE SI NO QUERÍA HABLAR CON NADIE EN CONCRETO NO ME PODÍA ATENDER. ENTONCES LE HE DICHO QUE ME PASARA CON PRESIDENCIA.
ME PASA CON OTRA SEÑORITA Y ESTA SI ME DEJA MANIFESTAR MI INDIGNACIÓN. LE HE PEDIDO QUE TRANSMITIESE EL MENSAJE QUE ANTES OS HE ESCRITO Y ME HA DICHO QUE SI, QUE LO HACÍA SI ME IDENTIFICABA. POR SUPUESTO LO HE HECHO: MI NOMBRE Y MI D.N.I.
NO ES NINGÚN DELITO ASÍ QUE ¿PORQUÉ NO DECIRLO CON NOMBRE Y APELLIDOS?
SON TODOS USTEDES UNOS SINVERGÜENZAS. VAYANSE A LA MIERDA!!
LAS SIGUIENTES VECES QUE HE LLAMADO YA NO HE DADO MUCHAS EXPLICACIONES. DIRECTAMENTE LE HE DICHO A LA POBRE CHICA QUE SÓLO QUERÍA DECIR ESO Y PUNTO (CREO QUE A LA TERCERA ESTABA UN POCO MOSQUEADA, JEJE).
LO VOY A SEGUIR HACIENDO EN CADA MOMENTO QUE PUEDA, COMO AHORA ES GRATIS LLAMAR A FIJOS PUES ENCIMA NO ME CUESTA UN DURO. OJALÁ LO HICIÉSEMOS TODOS, SE LES BLOQUEASE LA CENTRALITA Y TERMINASEN TAN HARTOS COMO NOSOTROS DE ELLOS. LAS POBRES FUNCIONARIAS QUE ATIENDEN LAS LLAMADAS NO TIENEN CULPA DE NADA PERO SEGURO QUE EN EL FONDO HASTA LES HACE GRACIA!
PUES NADA AMIGUETES YA ME HE DESAHOGADO!! DEJO DE ESCRIBIR Y OS PROMETO QUE COJO EL TELÉFONO Y HAGO MI LLAMADITA.
BESOS PARA TODOS!!!!!!!!

martes 28 de diciembre de 2010

La Trilogía Marciana de Kim Stanley Robinson

2010 ha sido en lo personal un año funesto: empecé con una crisis matrimonial y acabé divorciado después de 11 años y 11 meses de relación, y con dos niños pequeños.


Sin embargo, ha habido no pocas luces en este valle de sombras: mis hijos, mi familia y mis amigos me han hecho remontar el vuelo y mirar al futuro con esperanza, y en los momentos de soledad en que no había nadie a mi alrededor, he tenido el (enorme) consuelo de la lectura.,


Lo más reseñable de lo que ha caído en mis manos ha sido la "Mars Trilogy" del autor estadounidense Kim Stanley Robinson. Después de leer clásicos de la ciencia ficción-opera como "La Paja en el Ojo de Dios" y "El Tercer Brazo" de Niven y Pournelle (que me gustaron, aunque se les van notando los añitos, y resultan ya un tanto "pulp"), enfrentarse a los Martes Rojo, Verde y Azul de Morrison es una experiencia de lo más reconfortante.


La historia es la no por hipotética menos creíble colonización de Marte, a mediados del presente siglo: después de una primera visita tripulada de ida y vuelta al Planeta Rojo, se envía una expedición de colonización compuesta por 100 científicos (principalmente estadounidenses y rusos, con algunos europeos y japoneses), equipados con lo último en nanotecnología y robótica.


El mundo del que se origina la expedición es como el nuestro, pero mucho más dominado por enormes metanacionales (transnacionales con tanto poder que mueven a su antojo los destinos de los países que usan como banderas de conveniencia) y una ONU cada vez más esclava de las anteriores. Se vive el declive de los estados-nación, y la superpoblación, escasez de recursos y la desigual distribución de la riqueza, cada vez más acentuados, convierten a la Tierra en un auténtico polvorín.


Así pues, no es extraño que los expedicionarios de Marte, pese a haber sido sometidos a todo tipo de pruebas y exámenes, y de haber declarado su fidelidad a los objetivos de la misión (establecidos por las metanacionales y la ONU), sean, en su inmensa mayoría, personas con agendas ocultas: quien más quien menos desea "empezar de nuevo" en Marte, creando una sociedad más justa y equitativa, libre de la corrupción y el abuso y decadencia imperantes en la Tierra.


La llegada de los colonos a Marte supone el inicio de la mayor aventura de la Humanidad: la conquista de un enorme nuevo mundo, terriblemente hostil, y la construcción de una nueva sociedad que logre superar los escollos que han convertido al planeta natal en un lugar permanentemente al borde del abismo y la destrucción.


Aquí es donde comienzan los problemas: las diversas motivaciones de los expedicionarios chocan entre sí casi desde el principio. Quienes desean que Marte siga siendo un mundo primigenio, impoluto (los "rojos", por el color predominante en el planeta), se enfrentan con los partidarios de terraformarlo (los "verdes"). Y ambos grupos se oponen a la injerencia de los poderes terráqueos (metanacionales y ONU), que sólo pretenden explotar Marte como fuente de recursos para sus voraces industrias metropolitanas.


Varios lustros después de la llegada de los colonos, con la población del planeta rojo muy aumentada por la creciente inmigración de la Tierra, y con un ascensor espacial que abarata enormemente los costes del tránsito de personas y mercancía desde y hacia Marte, estalla la primera de las revoluciones marcianas.


En esta ocasión, las metanacionales y sus siervos de la ONU aplastan a los rebeldes marcianos, a pesar de que éstos logran abatir el ascensor espacial (una acción terrorista que deja el derribo de las Torres Gemelas a la altura del betún). En los combates y la dura represión subsiguiente mueren muchos de los 100 primeros colonos, los supervivientes de los cuales se convierten poco menos que en leyendas de la resistencia. Con ello acaba el primer volumen de la trilogía, "Marte Rojo".


En el segundo volumen de la serie, "Marte Verde", se narra cómo al desastre de 2061 siguen décadas de preparación por parte de los los diferentes grupos de la resistencia (tiempo en el que se construye un segundo ascensor orbital), y llega el apoyo de una metanacional alternativa y díscola (Praxis), así como el de algunos gobiernos más progresistas de la Tierra (entre ellos, Suiza y la India). Pero lo que logra dar el pistoletazo de salida a la rebelión es un catastrófico deshielo antártico que sume a los gobiernos terráqueos en la anarquía. La revuelta, mucho mejor organizada que la anterior, otorga a los rebeldes la independencia del planeta madre.


En el tercer volumen, "Marte Azul" se describen las discrepancias y debates que tienen lugar en el proceso de creación de un gobierno independiente y constitución del nuevo mundo... Y en ello estoy, pues aún me encuentro inmerso en la lectura de este tercer tomo.


Mapa del Marte acuático que se describe en detalle en el tercer volumen de la Trilogía, "Marte Azul".


Hay un cuarto libro (¿qué sería de las trilogías sin un cuarto tomo?), llamado Los Marcianos, en el que se da cabida a historias y narraciones secundarias o alternativas que no se incluyeron en los tres volúmenes anteriores, y, donde se incluye el texto completo de la Constitución de marte cuya creación se describe en "Marte Azul".


Aparte de lo buena y verosímil que es la historia, y lo bien escrita que está, la "Trilogía de Marte" tiene dos puntos fuertes enormes: por un lado, los personajes; por otro, la ciencia.


Los principales protagonistas de la serie son varios de los "100 Primeros" (el carismático John Boone, el maquiavélico Frank Chalmers, la bella y volcánica Maya Toitovna, la ajetreada Nadia Chernyshevski, la enigmática cuasideidad Hiroko Ai, la "roja" Ann Clayborne, el súper-científico Sax Russell, el polizón Desmond "Coyote" Hawkins, el atribulado psiquiatra Michel Duval, etc.) y sus descendientes (Nirgal, Jackie, Peter, Kasei, etc.) y amigos (Art, Zeyk, Fort, etc.). Te enamoras de ellos, especialmente de aquéllos que asumen un rol principal en diferentes momentos de la trama.


En cuanto a la ciencia, hay que reconocer que la Trilogía de Marte es el libro que cualquier geólogo se llevaría a una isla desierta... Aunque a alguna/o se le pueden hacer pesadas y reiterativas las prolijas descripciones de formación de acuíferos, glaciares, volcanes, cañones, etc., es esencial leer estos pasajes, aunque sea en diagonal, para aprehender lo titánico de la empresa a la que se enfrentan los colonizadores, y los increíbles medios técnicos con que cuentan para cambiar el relieve, construir asentamientos, encauzar aguas subterráneas, desarrollar vida adaptable a las durísimas condiciones locales, etc.


Y, como colofón, que no se me olvide hablaros de la extremada longevidad que otorga al ser humano su todopoderosa ciencia, eliminando el envejecimiento y los errores en la duplicación celular y prolongando en cientos de años la esperanza de vida de las personas. Todo ello se logra gracias a un tratamiento que, inicialmente, está sólo al alcance de los 100 primeros colonos de Marte y de los más ricos (en Marte y la Tierra), lo que no hace sino acentuar las diferencias entre los más y los menos favorecidos. El choque entre ricos inmortales y pobres efímeros da otra vuelta de tuerca al sempiterno problema de la desigualdad humana, y es un argumento más en la búsqueda de la sociedad perfecta que, incluso en este esperanzador relato de ciencia ficción hard, se escapa de las manos de quienes la persiguen.

miércoles 24 de diciembre de 2008

El Equipo Titular

[Disculpad la larga ausencia, pero esta vez la cosa no ha sido producto de mi pereza, sino de ciertos problemillas entre Blogger y mi hosting...]
Reanudo mis reseñas de trabajos históricos sobre la Segunda Guerra Mundial en el Pacífico con "The First Team", de John B. Lundstrom, un libro que llevo queriendo leer desde hace cerca de 20 años y que, por fin, cayó en mis garras en su edición rústica a mediados de 2008.

Se trata de un libro que habla casi exclusivamente de las unidades de caza de los portaviones estadounidenses desde el ataque japonés sobre Pearl Harbor en diciembre de 1941 a la victoria estadounidense en Midway en junio de 1942. Es, pues, el relato de las peripecias de un puñado de pilotos navales americanos a lo largo de seis meses de travesías marítimas y estancias prolongadas en bases navales, salpicadas de dramáticos combates aeronavales que decidieron el curso del conflicto.
¿Por qué sólo hablar de los cazas, y no de todos los aviadores embarcados? ¿Por qué centrarse en los monoplazas de combate en vez de, por ejemplo, en los bombarderos en picado, que fueron los que echaron a pique más navíos japoneses en el período descrito? ¿Por qué no en los torpederos, que después de un exitoso arranque en la Batalla del Mar del Coral, se convirtieron en Midway en víctimas propiciatorias de los cazadores japoneses?
Pues, nos dice Lunsdtrom , porque seguir de cerca las andanzas de los pilotos de caza de la US Navy es enormemente ilustrativo del desarrollo de la fase inicial de la contienda en el Océano Pacífico, y ayuda a explicar ciertas cosas y a desmontar ciertas ideas preconcebidas. Además, los cazas participaban en casi todas las misiones de una agrupación de portaviones: daban protección a los propios navíos, escoltaban a los aviones de ataque de su bando y, de vez en cuando, ellos mismos llegaban incluso a atacar unidades navales enemigas con fuego de ametralladora o con bombas.
Pues bien; a pesar de no poseer las mejores monturas de la época (Brewster F2A Buffalo y Grumman F4F Wildcat), los pilotos de la US Navy eran de los pocos del mundo que recibían adiestramiento de tiro en combate. Es decir, que se les enseñaba por un lado a disparar y acertar desde posiciones difíciles (ángulos de deflexión de entre 30 y 90º), y por otro a maniobrar para poder disparar desde esas posiciones - desde donde el fuego de respuesta de los bombarderos enemigos presentaba un menor peligro. Porque, aunque no lo había dicho, éstas eran tácticas contra bombarderos, claro.
Además, el diseño de los cazas de portaviones estadounidenses (chatos debido a su motor de cilindros en estrella y con la carlinga sobreelevada para mejorar la observación durante la aproximación y el apontaje en su buque) favorecía la acción de disparo con ángulos de deflexión amplios como los que, como era el caso, existieron en los combates evolucionantes contra adversarios más maniobreros... los Cero japoneses.
Fue así como los pilotos de la Armada Imperial japonesa, el mejor primer equipo de la Primera División mundial en esos momentos, fueron a dar contra otros que, sin saberlo, eran también del primer equipo del bando contrario.
Uno de los más ilustres miembros del "primer equipo" japonés: Tetsuzo Iwamoto. Este "as" nipón comezó a combatir sobre los cielos de China en 1938, y al final de la Segunda Guerra Mundial había cosechado 202 victorias aéreas, número que los investigadores de la posguerra han reducido a la nada despreciable cifra de 80 u 87. Ello le convierte en el mayor "as" de la Armada Imperial japonesa, por delante de pilotos como Nishizawa, Sugita y Sakai. Al contrario que la mayoría de cazadores japoneses, Iwamoto prefería combatir en "pasadas" en lugar de enzarzarse en combate evolucionante con sus adversarios. En mayo de 1942, durante la Batalla del Mar del Coral, formaba parte del escuadrón de caza del portaviones Zuikaku, y participó en la defensa de la agrupación naval nipona contra el ataque aéreo estadounidense.

Cazas A6M2 "Cero" en la cubierta del portaviones Zuikaku durante la Batalla del Mar del Coral. Los "Cero" de los dos portaviones pesados japoneses presentes
en ese enfrentamiento (Shokaku y Zuikaku) sólo sufrieron una baja: un aparato dañado por los Wildcats en el ataque contra los portaviones americanos hubo de amerizar en el viaje de vuelta, pero su piloto fue rescatado ileso. Tal era la superioridad japonesa en el aire en la primavera de 1942.

El libro, como podéis figuraros, se centra en los escuadrones de caza naval que existían a comienzos de la Guerra en el Pacífico (básicamente los de los portaviones Lexington, Saratoga, Enterprise, Yorktown y Hornet). Se relatan las acciones de cada una de las unidades en los seis primeros meses del conflicto: las incursiones contra Wake, Rabaul, las Marshall, Tokio y Tulagi; la reorganización de efectivos de 18 cazas a 27 por escuadrón; las terribles batallas entre portaviones del Mar del Coral y de Midway; los abundantes accidentes no operacionales (que se cobraron un buen número de bajas al margen de los combates); las incesantes idas y venidas de personal en cada unidad...
Esta conocidísima instantánea muestra a los ases del escuadrón VF-3 Jimmy Thach (primer plano) y Butch O'Hare (segundo plano) a bordo de sendos Grumman F4F-3A Wildcats. Se trata de una foto de abril de 1942 hecha en homenaje de una célebre hazaña del segundo de estos pilotos. El 20 de febrero de 1942 O'Hare reclamó haber abatido cinco bimotores japoneses Mitsubishi G4M1 "Betty", y haber causado daños a un sexto aparato. Aunque en realidad sólo tres "Bettys" cayeron ante las ametralladoras de O'Hare, la gesta le supuso al piloto estadounidense la Medalla de Honor del Congreso, y su destino como instructor de vuelta en EE.UU. O'Hare regresó al frente en 1943, y pereció en una misión de interceptación nocturna a bordo de un F6F Hellcat equipado con radar. Sobre el no menos célebre Jimmy Thach, véase foto y comentario más abajo.

Lundtsrom nos cuenta cómo los pilotos de la armada americana, que no conocían a sus mortíferos adversarios Mitsubishi A6M2 más que por remotos informes provenientes de los combates librados sobre China en 1940 y 1941, desarrollaron por su cuenta las tácticas que funcionaban contra ellos, y aprendieron a evitar el uso de aquellas otras que no daban resultado. Así, cuando finalmente se hicieron públicos los resultados de la evaluación del ejemplar de caza japonés capturado casi intacto en las Aleutianas en junio de 1942, los chicos de los cazas de la US Navy ya habían puesto en práctica ellos solitos el método casi infalible para derrotar a los invictos "Cero" del Mikado.
El Mitsubishi A6M2 "Cero" capturado casi intacto en las Aleutianas, reconstruido y repintado con camuflaje e insignias estadounidenses. Este aparato fue probado de forma intensiva contra los principales cazas aliados de la época, y de esas comparaciones se extrajeron no pocas enseñanzas sobre el "Cero" en particular y sobre la aviación japonesa en general.

Quienes idearon estas tácticas y se encargaron de ponerlas en práctica fueron gente como Jimmy Thach y Jimmy Flatley (ver pies de foto, abajo).
Lundstrom dedica buena parte del libro a comentar las características del Brewster F2A Buffalo, y del Grumman F4F Wildcat.
El de Brewster fue el primer caza monoplano embarcado de la US Navy. Para la época lo tenía todo: estructura metálica, tren retráctil, cabina cerrada, armamento y prestaciones razonables. Pero el regordete Buffalo tenía dos fallos fundamentales:
El primero de ellos no era del aparato en sí, sino de la compañía que lo construía: Brewster no fue capaz de satisfacer el ritmo de entregas de la Armada debido a carencias de infraestructura. Su fábrica estaba en un edificio de varias plantas de la ciudad de Nueva York, y el acarreo de los aviones en proceso de montaje resultaba una auténtica pesadilla, lo que reducía enormemente la cadencia de fabricación. Por ello, para complementar al escaso caza de Brewster la US Navy pidió a Grumman que mejorase su XF4F-2, derrotado en el proceso de selección en el que se había proclamado vencedor el F2A-1.

El edificio de la Brewster Company, sito en Nueva York, databa de mediados del siglo XIX. Por increíble que parezca, en él se fabricaron aviones de combate durante la Segunda Guerra Mundial.


Por otro lado, el Buffalo tenía un endeble tren de aterrizaje que no aguantaba bien los rudos apontajes en los portaviones de la US Navy. De hecho, el VF-2 del USS Lexington de Paul Ramsey se vio diezmado por accidentes en las tomas de cubierta antes de poder entrar en combate...
La escasez y problemas mecánicos del Buffalo, agravados por el empeoramiento de sus prestaciones al incluirse blindaje para el piloto y un sistema de autoobturación de los tanques de combustible, propiciaron que fuese relegado al poco tiempo de entrar en servicio a escuadrones del Cuerpo de Infantería de Marina, y que fuese reemplazado por el más fiable y más abundante Grumman F4F-3 Wildcat.

Un caza Brewster F2A-2 Buffalo del escuadrón de caza VF-2 "Flying Chiefs". Esta unidad, liderada por Paul Ramsey, era la única equipada con aparatos de este tipo que estuvo embarcada en un portaviones estadoundiense (el CV-2 Lexington) en los primeros meses de la Segunda Guerra Mundial en el Pacífico.

El Wildcat, sin embargo, no estaba exento de problemas. Por ejemplo; su radio de acción era muy reducido. En las maniobras de despegue, trepada y formación, su voraz motor consumía muchísimo combustible, lo que en las misiones de escolta dejaba al avión el carburante suficiente para volar a 150 millas náuticas de sus buques, combatir unos minutos y tener que regresar apresuradamente para no someter al piloto a un baño no intencionado en las frías aguas del Pacífico. Hasta después de la Batalla de Midway no estuvieron disponibles tanques auxiliares lanzables para los F4F de la US Navy (lo que efectivamente eliminó el problema de la reducida autonomía de los Wildcat).
En cuanto a los amerizajes, éstos eran una experiencia traumática: la falta de unos buenos correajes que sujetasen los hombros y la presencia del colimador de las ametralladoras en forma de tubo prominente delante de la cabeza del piloto hacían que éste sufriese una fuerte contusión en la cabeza al producirse la violenta toma de contacto con el agua. Una contusión que a veces resultaba en una grave lesión, o incluso en la muerte del piloto. Si a todo ello le sumamos que los cazas se hundían con alarmante rapidez una vez detenidos en la superficie marina, acabamos por obtener una imagen bastante menos pintoresca y mucho más sombría de los amerizajes que la que nos suele brindar Hollywood.
Aparte del escaso radio de acción y el riesgo de los aterrizajes oceánicos, el Wildcat mostraba otras carencias. Inicialmente, el modelo F4F-3 no disponía ni de blindaje para el piloto ni de depósitos de combutible autosellantes. El primero de estos dos defectos, imperdonables en el combate aéreo de la época, fue paliado inicialmente por las muy competentes tripulaciones de tierra (bueno; de mar), que improvisaron planchas blindadas para los asientos de sus pilotos. En cuanto al segundo inconveniente, los primeros depósitos autoobturantes que se recibieron resultaron ser defectuosos, y la contaminación del combustible contenido en estas fundas de goma en mal estado provocó la pérdida de cierto número de aparatos en los que se instalaron.
Como puede suponerse, la adopción de estos sistemas de seguridad en un avión que no estaba especialmente sobrado de potencia no redundó precisamente en una mejora de las prestaciones...
Otra mejora requerida por la necesidad de aumentar el número de cazas de 18 a 27 por portaviones fue la adopción de un mecanismo de plegado de las alas. Esta modificación se incorporó en el nuevo modelo F4F-4, disponible en la primavera de 1942, y también supuso una reducción en las prestaciones del caza debido al peso extra incluido.
Este precioso modelo de un Grumman F4F-4 Wildcat muestra tanto la situación de las seis ametralladoras y de sus compuertas de amunicionamiento como las alas en posición de plegado. Es evidente el espacio que se ahorraba al bajar los aparatos a las cubiertas de hangares, en las entrañas del buque. También es visible el alojamieno del bote salvavidas, en la espina dorsal, detrás de la carlinga.

El F4F-4 venía equipado de serie, además de con blindaje para el piloto, tanques de combustible autosellantes y alas plegables, con seis ametralladoras de media pulgada de calibre (en vez de las cuatro con que estaba armado el modelo F4F-3). Y aquí radicaba el verdadero problema del F4F-4, en opinión de la mayoría de los que lo pilotaron.
El peso debido a la protección de piloto y combustible era algo desafortunado pero necesario para aumentar el índice de supervivencia de pilotos y aeronaves. El sobrepeso del mecanismo de las alas permitía almacenar más Wildcats en las cubiertas inferiores de los portaviones, y ello aumentaba asimismo la "pegada" del escuadrón, y, en consecuencia, la supervivencia de sus pilotos. Pero el peso adicional debido al par extra de ametralladoras M2 fue algo por lo que éstos no dejaron de quejarse nunca:
Si cuatro ametralladoras Browning del 0,5 eran más que suficientes para enfrentarse con los más grandes aviones japoneses (los hidrocanoas cuatrimotores Kawanishi H8K "Emily"), sobraban para lidiar con los monomotores embarcados de los portaviones del Sol Naciente. Además, la munición que llevaba el F4F-3 (450 disparos por arma) permitían a los pilotos navales norteamericanos unos tranquilizadores 33-34 segundos de fuego continuado para todas las ametralladoras (siempre que lo permitiesen los no infrecuentes encasquillamientos). Había balas para dar y tomar.
Sin embargo, el otro gran cliente de Grumman, la Armada Real británica, que se enfrentaba a aviones alemanes e italianos, mejor protegidos que los japoneses, quería seis ametralladoras en sus Martlet (apodo del Wildcat en servicio con la Royal Navy). Y los ingleses se llevaron el gato al agua. Así que para aumentar el número de bocas de fuego sin penalizar aún más las ya tocadas prestaciones del avión, el F4F-4 vio reducidos de 450 a 240 los proyectiles disponibles para cada arma. En consecuencia, aunque la potencia de fuego instantánea aumentó en un 50%, ello fue a costa de reducir a 18 segundos el tiempo de fuego continuado.
Aún así, el F4F-4 era el único caza de portaviones relativamente competitivo de que disponía la US Navy desde la primavera del 42 hasta la primavera del 43, cuando empezaron a entrar en servicio los potentes F6F Hellcat. Y hubo que conformarse con lo que había. Los pilotos navales estadounidenses hubieron de capear la marea nipona y darle la vuelta a la tortilla, en el Mar del Coral, en Midway y en Guadalcanal, a bordo de los manifiestamente mejorables Wildcat.
Fueron por un lado las tácticas y el adiestramiento de los pilotos los que salvaron lo situación, pero el caza de Grumman tenía una característica esencial, que hasta cierto punto compensaba todas sus deficiencias: era excepcionalmente robusto. Muchos pilotos le deben la vida a la innegable capacidad de encajar daños de este rechoncho pero fiable aparato.
La robustez del Wildcat le permitía asimismo escapar de una situación comprometida picando y maniobrando violentamente a altas velocidades. Los más endebles Ceros no podían seguir a los cazas norteamericanos que actuaban de esa manera, pues no sólo su velocidad máxima en picado estaba limitada por su menor resistencia estructural, sino que por encima de los 400 km/h la proverbial maniobrabilidad de los cazas nipones quedaba muy mermada.
Y otro detalle favoreció a los pilotos estadounidenses: sobre todo a partir de Midway, hubo siempre un número suficiente de Wildcats. 36 por portaviones, para ser más exactos.
Jimmy Thach, comandante del VF-3. Este escuadrón comenzó la guerra asignado al portaviones USS Saratoga (CV-3). Por diversas vicisitudes, la unidad sirvió posteriormente a bordo del USS Lexington (CV-2) y más tarde a bordo del USS Yorktown (CV-5). Thach era un jefe fuera de lo común: se cuenta que para bajar los humos a cualquier nuevo piloto que se mostraba demasiado "gallito", lo retaba a un combate inaugural, durante el cual leía el periódico o comía una manzana antes de derrotar espectacularmente al recién llegado. El 4 de junio de 1942, durante la Batalla de Midway, Thach encabezaba el único grupo de cazas de escolta que logró acompañar a los bombarderos estadounidenses hasta los portaviones japoneses. Aunque las abundantes patrullas aéreas de combate japonesas (30-40 Ceros) impidieron que los seis Wildcats de Thach pudieran prestar un apoyo eficaz a los torpederos Devastator del Yorktown, al menos lograron defenderse a sí mismos de manera concluyente. La formación se dividió en dos: cuatro cazas con Thach y dos en apoyo cercano de los torpederos. De los de Thach, un caza cayó derribado casi inmediatamente, pero los otros tres iniciaron la maniobra posteriormente conocida como "la trenza de Thach" y lograron abatir o dañar a varios cazas japoneses sin sufrir más que averías menores. En cuanto a la otra pareja, logró sobrevivir escabulléndose entre las nubes bajas y regresando al Yorktown con sus aviones muy malparados pero con un Cero en su haber. Thach volvió a EE.UU. para formar a nuevos aviadores después de Midway: su experiencia era demasiado valiosa para perderse en combate.
Vista esquemática de la "trenza de Thach". El caza japonés situado a cola de uno de los dos cazas estadounidenses queda en el punto de mira del compañero de su presunta víctima. El adiestramiento en tiro de deflexión de los aviadores navales estadounidenses aumenta las posibilidades de alcanzar el avión enemigo. Ejecutada correctamente, esta maniobra era una trampa letal para un piloto japonés demasiado agresivo.

Jimmy Flatley (arriba) empezó la guerra como segundo al mando del escuadrón VF-42. En mayo de 1942, a pesar de tener órdenes de regresar a EE.UU. para hacerse cargo de una nueva unidad de caza de portaviones, logró quedarse a bordo del USS Yorkown (CV-5) el tiempo justo para participar en la Batalla del Mar del Coral. La experiencia adquirida en combate hasta ese momento permitió a Flatley convertirse, junto con Thach, en un instructor de primera para las nuevas hornadas de aviadores navales estadounidenses que empezaban a formarse en EE.UU. Así como Thach se mostró siempre muy crítico con la doctrina y el equipo de la US Navy, Flatley defendió el mantenimiento de la formación de seis aparatos (tres parejas de dos aviones) y el comportamiento del modelo F4F-4 del Grumman Wildcat (que, ciertamente, ofrecía mayor potencia de fuego instantánea). Posteriormente, y como resultado de varias conversaciones con Thach, Flatley se avino a reconocer que la formación de cuatro aparatos era más apropiada para el combate contra los Cero, pero este piloto nunca dejó de defender al F4F-4: era lo único que tenía la US Navy hasta que llegasen los nuevos cazas en 1943, y tenía que servir hasta entonces. El "secreto" consistía en desplegar los Wildcats en número suficiente (36 por portaviones) para que pudiesen tener un efecto palpable contra las formaciones aéreas japonesas. Flatley regresó al combate en 1943 al mando de una nueva unidad (el célebre escuadrón VF-10 "Grim Reapers") hecha a la medida para derrotar al enemigo nipón... y equipada con el nuevo y potente Grumman F6F Hellcat (ver abajo). Con este aparato se terminaron los problemas de los cazadores americanos, y comenzó una era de superioridad aérea estadounidense apabullante en los cielos del Pacífico.

domingo 30 de noviembre de 2008

E.T.A.

Marvin tiene el trabajo más aburrido de la galaxia... ¿o no?



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domingo 23 de noviembre de 2008

Guadalcanal: la crónica definitiva

Hace ya como un mes, concluí la lectura de la que, en palabras de su autor, Richard B. Frank, es la crónica definitiva de la Campaña de Guadalcanal: Guadalcanal: the Definitive Account of the Landmark Battle. Mi reciente apatía bitacorera ha hecho que haya pospuesto hasta hoy esta breve reseña.

Librada entre agosto de 1942 y febrero de 1943, esta campaña supuso el auténtico punto de inflexión en la Guerra del Pacífico. Si la dramática batalla de Midway fue el parón de la ofensiva nipona en el mayor océano del planeta, Guadalcanal fue la terrible pugna que comezó a desangrar a las fuerzas del Sol Naciente, y que vio el inicio contraofensiva estadounidense en dicho teatro. Lo que empezó de forma casi improvisada y vacilante en agosto de 1942 en Guadalcanal, acabó en Okinawa en la primavera de 1945.

Soldados de la 1ª División de Infantería de Marina de EE.UU. durante los desembarcos del 7 de agosto de 1942 en Guadalcanal.

Frank pone a nuestro alcance finalmente el relato conjunto de las operaciones terrestres, navales y aéreas por primera vez en la historiografía de la campaña, incorporando de paso las fuentes japonesas recientemente traducidas al inglés. Los relatos anteriores se habían centrado en las operaciones navales (Samuel Eliot Morison), terrestres (Samuel B. Griffith) o aéreas (John B. Lundstrom), dejando en segundo término los demás aspectos de la contienda.


Ahora el autor extiende ante nuestros ojos la panoplia completa de acciones por tierra, mar y aire que salpicaron y definieron la pugna por la isla. Cada ofensiva terrestre, cada combate entre buques de superficie, cada batalla entre portaviones, cada convoy de refuerzo, cada incursión aérea (con las bajas reclamadas, y las que realmente se produjeron), etc...

El acorazado Washington disparando su batería principal contra su homólogo nipón Kirishima, durante la batalla de superficie librada en la noche del 14 al 15 de noviembre de 1942, y que decidió el curso de la campaña.

Se deshacen algunos mitos, como es natural en obras tan documentadas como la que hoy se reseña: los torpedos navales japoneses no tuvieron la importancia mágica que se les atribuyó en la batalla de la Isla de Savo; el caos en las acciones nocturnas de superficie hizo que incluso un almirante estadounidense (Scott) fuera muerto por fuego amigo; los pilotos de ambos bandos rutinariamente reclamaban entre vez y media y dos veces el número de aviones que eran realmente derribados...

El "as" Marion Carl durante la acción del 24 de agosto de 1942 en la que reclamó el derribo de tres aviones torpederos y un caza japonés del portaviones Ryujo. Carl y sus compañeros de la Cactus Air Force reclamaron en ese combate la destrucción de nueve Kates y siete Zeros, cuando en realidad los nipones sólo perdieron cuatro y tres aparatos, respectivamente...

Lo único que no cambia es el horror de la guerra: el sufrimiento de los hombres supervivientes de los innumerables naufragios en la Bahía de Fondo de Hierro; las enfermedades y peligros que acechaban en la jungla; el indescriptible calvario de las tropas japonesas en Guadalcanal, mal pertrechadas y peor alimentadas...

Y esto era sólo el principio. La lucha por las islas Salomón, que empezó en agosto de 1942 en Guadalcanal, continuó hasta entrado 1944. Año y medio de horror en el que el poderío aeronaval japonés quedó total y absolutamente quebrantado.

miércoles 24 de septiembre de 2008

Madelmanhouse abre de nuevo

Con el nuevo curso, el Boss se despereza y, arropado por los de siempre, reabre los foros de Madelmanhouse y prosigue la publicación de Madelmanhouse Magazine.



¡Bienvenido de vuelta al currele, Miguel!

lunes 22 de septiembre de 2008

Midway (3) La triste victoria

Cierro al menos por el momento esta trilogía dedicada a la batalla aeronaval por excelencia de la 2ª GM con una breve reseña del libro "A Glorious Page in Our History" - The Battle of Midway 4-6 June 1942.


Se trata de un esfuerzo cooperativo de una serie de autores (Robert J. Cressman, Steve Ewing, Barrett Tillman, Mark Horan, Clark Reynolds y Stan Cohen), que fue publicado por primera vez en 1990. La copia que obra en mi poder es la sexta edición, que data de 2008.

El aspecto exterior (tapa blanda, tamaño holandesa, la ilustración de la portada) y la abundancia de fotos en el interior puede hacer pensar al lector que se trata de otro libro pictográfico más, de carácter eminentemente divulgativo, pero lo cierto es que dentro hay bastante más sustancia de la que uno puede pensar.

El libro se abre con una historia del atolón de Midway como debe ser: desde el principio, cuando allá por 1859 fue reclamado por un marino de los jóvenes Estados Unidos de América. Debo reconocer que desconocía estos hechos, así como el motivo por el que Midway pasó a considerarse importante para los intereses del país norteamericano: ser una estación de tránsito del cable subterráneo que comenzó a unir Estados Unidos y Asia a caballo entre el siglo XIX y el XX.

Posteriormente Midway se convirtió en la puerta de entrada a las Hawaii desde el Oeste, y acabó adquiriendo la importancia que tanto norteamericanos como japoneses le atribuyeron en los albores de la Segunda Guerra Mundial en el Pacífico.



La narración continúa con los avatares de la pequeña guarnición en los primeros meses del conflicto: incursiones de destructores y submarinos japoneses, escaramuzas aéreas con hidros de reconocimiento nipones, llegada de nuevas tropas y aviones a las islas, etc. Todo ello con nombres, apellidos y fotografías. Porque gran parte de la información contenida en este libro se ha obtenido de familiares, amigos y, en algunos casos, de los propios participantes en la batalla.

Posteriormente se describe el "acelerón" de operaciones en el Pacífico, Sur y Central, la rotura del código japonés y la febril actividad de Nimitz y sus subordinados para convertir Midway y sus alrededores en una fortaleza-trampa donde infligir a los nipones una derrota decisiva.

La batalla está narrada con gran detalle (siempre desde el punto de vista norteamericano), y, por ejemplo, se da la organización detallada, hombre a hombre y avión a avión, de cada una de las oleadas de ataque estadounidenses que se enfrentaron a la Kido Butai el 4 de junio de 1942. También se relaciona el destino de cada una de las tripulaciones caídas en combate, y se glosan los particulares sobre el rescate de buena parte de los supervivientes.

El detalle sobre el destino de los vencedores, que tuvieron, como es sabido, gran cantidad de bajas, le deja a uno un cierto regustillo de tristeza. Debe de ser cierta esa frase del Duque de Wellington que decía que "nada, excepto una batalla perdida, resulta ni la mitad de melancólico que una batalla ganada".

El libro prosigue describiendo qué pasó con Midway después de la batalla: el atolón se convirtió en base avanzada de submarinos y se abrieron otras tres pistas de aterrizaje (en la isla Sand) para aviones pesados. Midway siguió siendo punto de tránsito y base aeronaval importante en las crisis de Corea y Vietnam, pero fue perdiendo importancia desde los años 70.

Finalmente hay una serie de apéndices de los que unos dan detalles sobre los personajes, aviones, y portaviones destacados de ambos bandos (con mayor hincapié en el bando estadounidense); otro presenta cuestiones abiertas en su momento (de las que algunas han sido aclaradas en el libro "Shattered Sword"). Por último, se incluye, a modo de homenaje, un corto apéndice dedicado a un "héroe olvidado" de la Batalla de Midway: el controvertido capitán de fragata Miles Browning, jefe de estado mayor del almirante Halsey, y que, ante la ausencia de su jefe por enfermedad, sirvió a las órdenes de Spruance durante el importante encuentro.

El libro está a medio camino entre las obras clásicas de Sprange, Lord y Fuchida, y el desmitificador "Shattered Sword". Se nota que está publicado después del simposio sobre la batalla de Midway que tuvo lugar en 1988, y al que acudieron personalidades destacadas japonesas, como el "as" Fujita. Ese encuentro mostró a los estadounidenses que Fuchida estaba bastante desacreditado en el país del Sol Naciente, y que hacía falta integrar en la historiografía de la célebre batalla nuevas fuentes niponas aún sin traducir al inglés.

En definitiva, y antes de irme a dormir, dejadme que os diga que , a pesar de su relativa antigüedad, recomiendo este libro a quienes busquéis información detallada sobre las fuerzas norteamericanas en Midway, en especial sobre los aviadores de ese bando.

domingo 21 de septiembre de 2008

Esgrima medieval

Ayer tuve la suerte de presenciar un espectáculo afortunadamente cada vez más frecuente en el suelo patrio. Se trataba de una demostración de esgrima a cargo de un grupo de recreación medieval.
Reconstrucción del aspecto que tendría un sargento (no un caballero) templario. Véase que la sobrevesta es negra, como la de los caballeros de la orden del Hospital. Las zapatillas son un anacronismo necesario para generar tracción en el suelo pavimentado donde se desarrolló la demostración.

Luchador con espada y broquel, que luce un algodón guateado como el que se llevaba bajo la cota de malla, y las consabidas zapatillas para la demostración esgrimista en suelo pavimentado. Obsérvese la forma en la que su mano izquierda cubre con el broquel la derecha que empuña la espada.

El portavoz del grupo estuvo demoliendo, a través del improvisado equipo de megafonía municipal, los falsos mitos que principalmente Hollywood había creado para la Edad Media: espadas de 20 kilos, armaduras tan pesadas que uno no podía levantarse del suelo, combate a caballo con espada, etc. Y es que no hay nada como intentarlo uno mismo para darse cuenta de las tonterías arraigadas en la cultura popular al respecto de esta época...

Las demostraciones fueron varias: de espada y broquel (curioso que el broquel de la mano izquierda se usara principalmente para proteger la mano derecha que empuñaba la espada), de espada "de mano y media" (llamaba la atención el agarre con el pulgar por encima de la cruz, apoyado sobre la hoja), y de espada y escudo de lágrima (tuve que marcharme antes de poder tomar fotos de este espectacular combate, librado entre un caballero templario y otro hospitalario).




A seguir: el año que viene, que vuelvan los mismos, pero haciendo una demostración de carga a caballo, con lanza en ristre y rodilla con rodilla.

jueves 11 de septiembre de 2008

Midway (2) Una página poco gloriosa

Siguiendo con el asunto Midway, otro de los libros que han caído estas vacaciones ha sido el "The Unknown Battle of Midway. The Destruction of the American Torpedo Squadrons", de Alvin Kernan.

Kernan es otro miembro de la Mesa Redonda de la Batalla de Midway, por lo que, como os podéis figurar, el libro reseñado comparte las tesis revisadas expuestas en el "Shattered Sword" de Pashall y Tully.

Sin embargo, la obra que nos ocupa se centra de nuevo en el bando norteamericano, y en concreto en la perra suerte que corrieron los escuadrones de torpederos con base tanto en los portaviones como en la isla de Midway, masacrados por los Zero de las patrullas aéreas de combate japonesas.

El análisis de Kernan apunta varios culpables. El principal es el propio torpedo que usaban los estadounidenses: un arma fabricada en pequeña escala, de manera artesanal, y cuyos índices de fiabilidad eran completamente impresentables. Tanto es así, que para el lanzamiento se recomendaba que el avión portador del torpedo volase a una velocidad tan lenta y a una altitud tan baja, que la maniobra de ataque era poco menos que un suicidio. Los aviones torpederos americanos tardaban una eternidad en aproximarse a la distancia óptima de lanzamiento, y durante ese largo tiempo solían tener encima a los cazas enemigos, disparándoles poco menos que a placer.


Si a ello se sumaba el hecho de que el Douglas TBD-1 Devastator era un aparato de por sí lento, que volaba como una gallina alicorta cuando iba cargado con su torpedo, y que no disponía de blindaje o sistemas autoobturantes para el combustible, resulta incluso extraño que hubiese aparatos del VT-6 y el VT-3 que lograsen hacer el viaje de vuelta a su portaviones...

Claro, que los torpedos eran una maldición de tal envergadura que hasta aviones robustos y rápidos como los cuatro B-26B y los seis flamantes Grumman TBF-1 Avenger, sufrieron bajas inaceptables al intentar alcanzar a los portaviones de Nagumo... La célebre imagen del único Avenger que logró regresar a Midway, agujereado de quilla a perilla, con las superficies de control deshechas, el artillero muerto, el navegante inconsciente y el piloto herido, habla por sí sola:


Como es sabido, sólo el veterano grupo aéreo del portaviones Yorktown logró atacar más o menos "en bloque" a los portaviones de Nagumo. Los TBD-1 del VT-3, escoltados por seis Grumman F4F-4 Wildcat del VF-3, intentaron torpedear el portaviones japonés Hiryu con idéntico funesto resultado que los anteriores escuadrones: ningún impacto y unas bajas terroríficas, mientras los cazas de Jimmy Thach luchaban por sobrevivir contra un enjambre de Zeros (*). Pero los Douglas SBD-2 y SBD-3 Dauntless del VB-3 alcanzaron la gloria al demoler al Soryu con cuatro impactos de bomba.


Sin embargo, los otros dos portaviones no lograron apoyar a sus escuadrones torpederos: el grupo aéreo del Hornet fracasó a la hora de localizar la escuadra nipona (de hecho, el VT-8 fue el único de sus escuadrones que llegó hasta los portaviones japoneses - y fue aniquilado). El Enterprise envió sus aviones por separado: el VT-6 tuvo bajas catastróficas, los SBD de los VS-6 Y VB-6 terminaron sentenciando al Kaga y el Akagi, pero el destacamento del VF-6 de Jim Gray aparentemente se pasó dando vueltas a 6.000 m de altitud sobre la escuadra nipona, durante UNA HORA , y sin dar apoyo a nadie.

Kernan aborda al final de su libro estas dos delicadas cuestiones:
  • ¿Se perdió realmente el jefe del grupo aéreo del Hornet, Stanhope Ring? ¿Fue su inexperiencia la que le hizo equivocarse al planificar el rumbo a seguir? Se sabe que, ya en el aire, discutió sobre el plan de vuelo con el jefe del escuadrón de torpederos, John Waldron, y éste unilateralmente decidió separarse de la formación y tomar el rumbo que le llevaría a los japoneses (y a la muerte). Pero Ring no dio su brazo a torcer (para ello era el capo) , y acabó perdiéndose en el mar, y haciendo que su grupo tuviese que realizar amerizajes forzosos o regresar a Midway. Pues bien, la reconstrucción que Kernan ha hecho del frustrado viaje de Ring prueba que no siguió el rumbo que afirmó haber seguido tras la batalla. Los aviadores que fueron rescatados del agua estaban en una zona que no pudo haber sobrevolado Ring de haberlo hecho de acuerdo con sus afirmaciones. Ello, y la falta de informe oficial de Ring (sólo Marc Mitscher, a la sazón capitán del Hornet, escribió un informe post-combate), arroja sombras de duda sobre las intenciones del jefe del Grupo Aéreo 8.
  • ¿Qué hizo realmente Jim Gray con su decena de cazas del Enterprise? Tras la batalla afirmó haber sobrevolado la escuadra japonesa durante una hora (suyo fue el primer informe de avistamiento formal que recibieron Fletcher y Spruance desde primera hora de la mañana), y haber puesto proa a su portaviones al no encontrar al resto de su grupo aéreo. Sin embargo, hace unos años, un anciano Gray contradijo estas afirmaciones al declarar que estaba bajo de combustible cuando llegó hasta la Kido Butai y presenció desde las alturas el ataque suicida del VT-8 de John Waldron. No tenía suficiente carburante para ayudar a Waldron, y dio media vuelta sin enzarzarse en combate con los Zero. ¿Cuál de las dos versiones es la cierta? No cabe duda que 10 F4F-4 cayendo desde 6.000 metros con sus seis ametralladoras de calibre .50 tableteando habrían aliviado grandemente los apuros de los Devastator del Hornet. Pero ¿pudieron haberlo hecho? ¿Les faltó combustible, o les faltaron ganas?


En definitiva, un libro curioso. Merece la pena.

(*) A pesar de perder un Wildcat casi inmediatamente, los chicos de Thach no lo hicieron mal del todo: aplicando una nueva táctica ideada por el jefe de escuadrón, lograron abatir varios cazas japoneses, pero al precio de no poder auxiliar a sus aviones torpederos...

GLOSARIO:

VF: escuadrón de caza.
VB: escuadrón de bombardeo en picado.
VS: escuadrón de exploración.
VT: escuadrón de bombardeo torpedero.