martes, 22 de septiembre de 2015

La Semilla (I) - El futuro más o menos cercano.

Esta tarde/noche he puesto en letras varias ideas que llevan años rondándome la cabeza. Es, quizás, la semilla de una historia. O la semilla de un trasfondo rolero.


No tengo un nombre para la historia o trasfondo. Ni personajes. Ni sé exactamente todavía quiénes serán los agentes influyentes. Tengo unas ideas, y una vaga secuencia de acontecimientos, que ya veremos si son plausibles o no. Son premisas; nada más que eso.

En un futuro relativamente cercano, si una catástrofe natural o artificial no lo impide, el ser humano comenzará su largo tiempo pospuesta expansión por el sistema solar. De hecho, lleva ya algún tiempo anunciándose una expedición tripulada a Marte, que sería sólo de ida (o sea, de colonización). Y potencias como China, Rusia, EE.UU. (NASA + iniciativa privada) anuncian que llegarán de nuevo a la Luna, posiblemente para establecer allí bases permanentes. Sea como sea, la exploración y colonización de nuestros celestes vecinos se me antoja que llevará un largo tiempo: todo el siglo XXI y seguramente el XXII. Lo que nos pone en 2200 d.C.

Pero para ello, necesitaremos lograr un salto cuantitativo en asuntos como la generación de energía (fusión nuclear controlada, que, hasta donde yo sé, no se ha materializado aún), así como progresos en el desarrollo de materiales avanzados, superconductores, computación, ingeniería genética, etc.

Por el camino, habrá mejoras en la esperanza de vida gracias a los previsibles adelantos médicos, y hasta es posible que se creen inteligencias artificiales (IAs) muy complejas. Es probable que estas IAs, por imposibilidad o por precaución, carezcan de libre albedrío. De esta forma, nos libraríamos de esa "singularidad" tecnológica de vertiginosos descubrimientos científicos en rapidísima secuencia que vaticinan algunos. Y de la extinción a manos de súper-IAs que, como vengativos dioses artificiales, nos aplastarían como cucarachas o nos relegarían a baterías para recargar sus sistemas (¿recordáis The Matrix?).

Imaginemos, además, que nuestra consciencia esté tan íntimamente ligada a nuestro cuerpo mortal que no sea posible trascender éste. Vamos, que los pronósticos de transhumanistas acérrimos que ven un futuro de "inteligencias puras" de origen humano habitando ordenadores, naves espaciales, o incluso el cibererespacio, transmitiéndose a través de haces de luz por el éter (licencia poética), cuales ánimas incorpóreas, no se cumplen. Que seguimos necesitando un vehículo para ir de aquí para allá, vaya.

Así que nada de pasar de un cuerpo biológico a un exoesqueleto arácnido artificial. Nada de reencarnarse en un pulpo espacial. Nada de convertirse en un programa de SW inteligente y autorreplicante. Tenemos el cuerpo que tenemos. Pero podemos modificarlo, eso sí. Obtener mayor longevidad, mayor resistencia a las enfermedades, así como a los efectos de la radiación, de la alta o baja gravedad, de la presión atmosférica. Quizás mayor inteligencia. Y, viendo lo importante que es para el ser humano, mayor belleza y atractivo físico general.

Si nos atenemos a la Historia, sin embargo, habrá conflicto. Hoy en día las desigualdades aumentan, no disminuyen. Las tensiones, guerras, intereses (ocultos o no), afán de poder, codicia y estupideces varias propias del ser humano no tienen, lamentablemente, muchos visos de desvanecerse de un plumazo.

¿Qué ocurrirá? ¿Un choque entre potencias emergentes y potencias establecidas? ¿Una escalada de conflictos regionales que desemboca en una guerra global? ¿Una profunda crisis que deviene en revuelta de pobres contra ricos? ¿Una catástrofe natural que nos empuje al caos y la anarquía? ¿Quizás, más adelante, una contienda, fría o caliente, con las nuevas colonias extraterrestres?

Por hoy hago punto y aparte antes de que me caiga de sueño y deje de hilar con una mínima coherencia. Seguimos mañana. U otro día.

Parte II


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